sábado, 26 de septiembre de 2009

8

- ¿Cómo se siente señor Madrigal?
- Me siento muy bien señorita gracias… Vera tengo que salir de este lugar a la brevedad, quede de ver a alguien y…
- ¿Salir?–
le interrumpió la enfermera
- Así es, salir porque vera…
- El Dr. Yepiz ordenó que después del serio accidente que usted tuvo lo mejor sería que se quedara un día para observación y aproveche su visita que ya casi es hora de que se vaya para que usted descanse.
dicho esto la enfermera abandonó la habitación.
- ¿Qué paso? ¿Cómo llegue aquí? – le preguntó a Antonio

Antonio le contó que había tenido un accidente en el carro cerca de la escuela y que había estado inconciente el resto del día. Los paramédicos le habían avisado a su madre y esta le había avisado a el. De pronto llegó la enfermera y le dijo a Antonio que se tenía que retirar porque Gerardo necesitaba descanso. Antonio le dice, antes de salir, que su madre iría a visitarlo a la mañana siguiente. Cuando Antonio se fue, la enfermera agregó un extraño líquido al suero con el pretexto de que lo ayudaría a descansar mejor.

7

Gerardo se encontraba en un lugar obscuro. No sabía en dónde estaba. A lo lejos, logra ver una luz. Antes de llegar a ella, escucha una dulce voz –siempre lo he hecho- le pareció reconocer la voz –y siempre lo haré- No entendía nada de lo que sucedía. Logró distinguir una silueta –Te amo Gerardo, siempre lo he hecho y siempre lo haré- Vio llorando a Miranda. Recordó que debería estar en el café con ella. Seguramente por eso lloraba. La había dejado plantada, seguramente se había quedado dormido.

- Miiiran…
- ¿Qué? ¿Qué quieres? ENFERMERA Mi amigo está despertando ENFERMERAAAAAA
- Miiiran… Miraaan… MIRANDA
- ¿Miranda? No, soy Antonio ¿Cómo te sientes Gerardo?

Al recuperar la vista, reconoció a Antonio sentado en una silla a lado de una cama de hospital. Le dolía mucho la cabeza. Dos segundos después descubrió que la tenía vendada. Una enfermera entró al cuarto. Llevaba una pequeña maquina para revisar el pulso.

6

Al observar detenidamente, reconoció la ropa del conductor. Traía lo mismo que había usado Gerardo en la escuela. No podía ser posible. Era Gerardo. Desesperada corrió hacia su carro y trató de seguir a la ambulancia. Cuando llegó al hospital, el ya se encontraba en urgencias. La enfermera de la entrada le dijo que en cuanto lo trasladaran a un cuarto, podría verlo, mientras tendría que esperar. El tiempo en la sala de espera fue eterno. Tres horas después le informaron que podía pasar a verlo, pero que de nada serviría. Aún se encontraba inconciente.

Se sentó a un lado de su cama y lo observó mientras dormía. A pesar de la herida en la frente seguía siendo hermoso. Se armó de valor y le dio un dulce beso en los labios. El nunca lo sabría. Antes de partir le susurró suavemente al oído –Te amo Gerardo, siempre lo he hecho y siempre lo haré- Lo dejó dormido y se dirigió a su casa. Al llegar encontró un carro estacionado en la entrada. El carro era de Daniel, su novio.

5

Tras un largo y lluvioso camino, Miranda logró llegar. Al terminar de cruzar la calle, observó como un carro perdía el control. Los cristales estaban empañados y no se veía quien estaba dentro. En cuestión de segundos, dos carros más impactaron contra este. Se quedó pasmada ante el accidente. Cuando logró reaccionar, llamó una ambulancia y se metió a la cafetería esperando encontrar a Gerardo. No estaba ahí. Quizá había llegado y se había ido. Quizá la nota no la había dejado el. Mil ideas como esta cruzaron por su cabeza.

Veinte minutos después llegó la ambulancia. Los dos conductores que habían impactado al final habían salido prácticamente ilesos. El conductor que perdió el control no. se hallaba inconciente y con una herida grave en la frente. Los paramédicos de la ambulancia buscaron entre sus pertenencias alguna identificación. Al encontrar su celular marcaron un número - Señora, no se exactamente como sucedió, su hijo Gerardo acaba de tener un accidente y está inconciente.

4

Gerardo llegó al café de la escuela. Tenía cinco minutos de haber llegado cuando sonó su celular. Era Antonio, su compañero de departamento. Había olvidado sus llaves y quería ver si le podía abrir. Tenía que recoger algo urgente. Gerardo quería estrangularlo. Tomo su chamarra, sus llaves y se dirigió al apartamento. Al llegar notó que Gerardo estaba realmente empapado. Al salir le recordó que no olvidara sus llaves de nuevo. Se dirigió de nuevo a la cafetería, recordando en el camino que no había puesto en la nota una hora a la cual verse. Tampoco la había firmado. Debido a esto, decidió apresurar la marcha.

Miranda llegó a su casa, para variar no había nadie. Dejó su mochila en su cama y bajó por algo de comer. Al vaciar las bolsas de su chamarra en la mesa descubrió la nota. – Te extrañé y quiero volver a verte. Te veo en el café de la esquina de la universidad, si no quieres verme lo entenderé...- No estaba firmada, pero reconoció la letra de Gerardo. Eso era algo que a pesar del tiempo no había cambiado. La nota no decía a que hora debía verlo. Tras media hora perdida por arreglarse y buscar las llaves de su carro, se dirigió a la cafetería. El tráfico no la favoreció mucho.

3

Miranda se dio cuenta que era tarde y que debía estar en clase. No quería irse, quería estar con el. El sentimiento era mutuo. El también debía estar en clase así que se despidió con un abrazo y un beso en la mejilla. Miranda sintió como su rostro se sonrojaba levemente.

Mientras observaba a Miranda irse, Gerardo se sintió un tonto por no haberla invitado a salir. Sacó una hoja de su carpeta y escribió – Te extrañé y quiero volver a verte. Te veo en el café de la esquina de la universidad, si no quieres verme lo entenderé...- Corrió por toda la universidad esquivando estudiantes, pero no la encontraba. Cuando por fin la vio, ella estaba a punto de entrar a su salón de clases, traía los audífonos puestos. No lo había pensado antes, pero se veía realmente hermosa. Se quedó absorto en sus pensamientos hasta que notó que se detenía para buscar algo en la mochila. Era la oportunidad perfecta. Se acercó silenciosamente y le metió la nota en la bolsa de la chamarra. Ahora solo quedaba esperar a que la viera.

2

Realmente era el, su mejor amigo de la infancia, su hermano.
- Gerardo, creí que nunca te volvería a ver
- Yo pensaba lo mismo, por lo visto el mundo es muy pequeño
- Lo se, ¿qué fue lo que pasó contigo? un día simplemente despareciste
- No desparecí, a mi papá lo transfirieron a...

En algún momento de la explicación se perdió. Estaba muy cambiado. Ese reflejo infantil que solía tener en la mirada se había perdido. Ahora era mas alto que ella. Recordó como le solía hacer burla por su estatura. El cabello largo, o por lo menos más de lo acostumbrado, la forma de pararse, la mirada... todo era familiar y sin embargo, todo era nuevo para ella. Era como tener un extraño frente a sus ojos, un extraño que la hipnotizaba inconscientemente.
Comenzó a sentir algo que hacia mucho tiempo no sentía, desde antes de entrar a la preparatoria. Unas ganas terribles de besarlo invadieron todo su ser. No lo hizo por cobarde.