Gerardo llegó al café de la escuela. Tenía cinco minutos de haber llegado cuando sonó su celular. Era Antonio, su compañero de departamento. Había olvidado sus llaves y quería ver si le podía abrir. Tenía que recoger algo urgente. Gerardo quería estrangularlo. Tomo su chamarra, sus llaves y se dirigió al apartamento. Al llegar notó que Gerardo estaba realmente empapado. Al salir le recordó que no olvidara sus llaves de nuevo. Se dirigió de nuevo a la cafetería, recordando en el camino que no había puesto en la nota una hora a la cual verse. Tampoco la había firmado. Debido a esto, decidió apresurar la marcha.
Miranda llegó a su casa, para variar no había nadie. Dejó su mochila en su cama y bajó por algo de comer. Al vaciar las bolsas de su chamarra en la mesa descubrió la nota. – Te extrañé y quiero volver a verte. Te veo en el café de la esquina de la universidad, si no quieres verme lo entenderé...- No estaba firmada, pero reconoció la letra de Gerardo. Eso era algo que a pesar del tiempo no había cambiado. La nota no decía a que hora debía verlo. Tras media hora perdida por arreglarse y buscar las llaves de su carro, se dirigió a la cafetería. El tráfico no la favoreció mucho.
sábado, 26 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario