Al observar detenidamente, reconoció la ropa del conductor. Traía lo mismo que había usado Gerardo en la escuela. No podía ser posible. Era Gerardo. Desesperada corrió hacia su carro y trató de seguir a la ambulancia. Cuando llegó al hospital, el ya se encontraba en urgencias. La enfermera de la entrada le dijo que en cuanto lo trasladaran a un cuarto, podría verlo, mientras tendría que esperar. El tiempo en la sala de espera fue eterno. Tres horas después le informaron que podía pasar a verlo, pero que de nada serviría. Aún se encontraba inconciente.
Se sentó a un lado de su cama y lo observó mientras dormía. A pesar de la herida en la frente seguía siendo hermoso. Se armó de valor y le dio un dulce beso en los labios. El nunca lo sabría. Antes de partir le susurró suavemente al oído –Te amo Gerardo, siempre lo he hecho y siempre lo haré- Lo dejó dormido y se dirigió a su casa. Al llegar encontró un carro estacionado en la entrada. El carro era de Daniel, su novio.
sábado, 26 de septiembre de 2009
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